De todas las obras de William Shakespeare, una de las mas divertida es Mucho ruido y pocas nueces
Dos de sus personajes Benedicto y Beatriz, solterones que se ríen y burlan de los enamorados. Como bien se sabe, siempre acaban enamorándose el uno del otro
Al final del libro podemos leer este diálogo:
“Beatriz: Me extraña que sigáis hablando todavía, signior Benedicto. Nadie repara en vos
Benedicto:¡Como! Mi querida señora Desdén, ¿vivís aún?
Beatriz: ¿Es posible que muera de Desdén cuando pueda cebarse en tan buen pasto como el signior Benedicto? La propia galantería se trocará en desdén si tuviera vos en su presencia
Benedicto: Fuera entonces la galantería una renegada. Pero lo cierto es que todas las damas se prendan de mi, exceptuando solamente vos; y quisiera hallar en mi corazón que mi corazón no fuera tan duro; porque, a la verdad, no amo ninguna
Beatriz: ¡Que incalculable dicha para las mujeres! De otra manera, se verían importunadas por un pretendiente enojoso. Gracias a Dios y a mi temperamento frío, soy en eso del mismo parecer que vos. Prefiero oír a mi perro ladrar a un grajo que a un hombre jurar que me adora
Benedicto: Dios os mantenga siempre en esa disposición de animo. Así se vera libre uno u otro caballero de los infalibles arañazos en la caras
Beatriz: Si fuese una cara como la vuestra, no podrían afearla los arañazos
Benedicto: Bien; sois una extraordinaria adiestraloros
Beatriz: Más vale un ave con mi lengua que un animal con la vuestra
Benedicto: Así marchase mi caballo con la rapidez de vuestra lengua y mantuviese tan bien el aliento. Pero seguid vuestro camino, en nombre de Dios; he terminado
Beatriz: Siempre acabáis con un par de coces. Os conozco de antiguo”
Nota: según cita en el libro Frases y Situaciones Ingeniosas, Luis T. Melgar










